lunes, 13 de noviembre de 2017

MANIÁTICOS DE LA CONSANGUINIDAD

Hay dos ideas que nos calan muy hondo cuando empezamos en este mundo de la ornitología. Una es la ya famosa ley de la compensación y otra es el término consanguinidad. Aprendemos que para hacer las parejas hay que compensar para ir depurando defectos y que la consanguinidad es mala. A medida que avanza el tiempo mantienes bastante firme esa idea de la compensación pero vas descubriendo que la consanguinidad no sólo no tiene por que ser mala sino que de hecho es casi casi fundamental. Y en este momento es cuando te das cuenta del enorme mito que se ha generado acerca de la consanguinidad.

La consanguinidad no es una enfermedad, se puede definir como un vínculo de sangre o de parentesco entre dos o más ejemplares. Simplemente es eso. Cuando hablamos de consangunidad solemos hablar de un parentesco excesivo. Pero si es cierto que puede producir muchos problemas, cualquier veterinario especialista te puede describir ampliamente todos los efectos perniciosos de la consanguinidad, huevos claros, deformaciones, muertes embrionarias, pájaros débiles, degeneración en la talla, aumento de riesgos de enfermedades por debilidad... en contrapunto resulta una herramienta fundamental para desarrollar una nueva mutación o raza y también muy necesaria si queremos tener una línea homogénea. Por ello debemos trabajar con la consanguinidad pero siempre con cuidado.

Esto que acabo de decir os lo sabeís todos, no he descubierto la pólvora, os han dicho ya miles de veces que la consanguinidad es mala pero hay que saber trabajarla. ¿Entonces cuál es el problema? El problema es cuando tenemos una idea tan mitificada de la consanguinidad que nos obsesionamos con meter sangre nueva en el aviario.

Los criadores dentro de una gama meten pájaros nuevos por dos razones, por mejorar la calidad y por refrescar sangre. La pregunta aquí es ¿Es tan necesario refrescar sangre? Está claro que si, es fundamental pero ¿es necesario con la frecuencia con lo que lo hacemos? La respuesta es no. Porque estamos obsesionados con la consanguinidad. Mirad durante 3 o hasta 5 generaciones, la consanguinidad no tiene porqué ser un riesgo y si sabemos trabajar abriendo líneas, controlando mucho la genética de nuestro criadero, controlando los emparejamientos, podemos alargar esto todavía más.

Pero la gente insisto sigue obsesionada con meter sangre nueva a la mínima de cambio, es cierto, refrescas sangre pero ¿que pasa con el cocktail de genes que metes? Meter sangre significa meter un revoltijo de genes impresionante que otra vez hay que organizar. Muchos criadores no consiguen nunca tener un pájaro homogéneo, que ese debería ser uno de nuestros objetivos, porque se pasan la vida refrescando y refrescando. Así llegan muchas veces a un concurso con pájaros de un tipo, al año siguiente cambia totalmente, luego al tercero también. ¿Y todo esto por que? Porque se pasan el día refrescando sangre.

Un consejo, si quereis crear una línea propia y homogénea de pájaros de calidad trabajad la consanguinidad, vale no emparejeis hermanos pero no os empecineis con comprar y comprar y comprar todos los años para refrescar sangre. No hace falta.